Son pocos los estudiantes que conceden al lugar donde estudian la importancia que éste realmente merece. Las condiciones ambientales del estudio influyen en el rendimiento más de lo que comúnmente se piensa.
El lugar ideal, si es posible, es la propia habitación, a no ser que exista en la casa algún espacio habilitado especialmente para el estudio. El mobiliario indispensable es una mesa amplia, una silla con respaldo recto y una estantería o armario que permitan colocar todo el material necesario. Es conveniente estudiar siempre en el mismo sitio, ya que ésto ayuda a crear hábitos. Aunque la decoración debe ser personal, hay que evitar que alrededor de la mesa existan objetos que provoquen distracción: fotos, recuerdos, posters, ...
Para facilitar la concentración, los momentos de estudio deben ser momentos de silencio: sin televisión, sin radio, y sin ruidos externos que puedan molestar. No es recomendable estudiar en la sala mientras otros ven la televisión, hablan o juegan.
Tampoco se debe estudiar tumbado en la cama o en el sofá. La postura debe ser correcta: sentado en la silla con respaldo y apoyando los codos sobre la mesa. El orden es fundamental: todo debe estar en su sitio, así se evitarán desplazamientos a otros lugares de la casa.
La iluminación natural es preferible a la artificial, pero como ésta suele ser necesaria, lo mejor será un flexo con luz azulada que ilumine la mesa y una luz ambiental para evitar demasiados contrastes.
La habitación debe estar ventilada: el aire debe ser renovado con cierta frecuencia y para ello, se pueden aprovechar los descansos.
Aunque no es fácil controlar la temperatura, ésta deberá mantenerse entre los 17 y 22 grados: el frío provoca inquietud; el calor, inactividad.
Si el alumno se habitúa a estudiar en condiciones adecuadas, su concentración y la calidad de su trabajo mejorarán.