Al igual que un niño nace con ciertas características físicas, biológicas y temperamentales, puede que otra de sus variables congénitas sea su hiperactividad.
Alrededor del 4% de la población es hiperactiva. Es una característica más frecuente en niños que en niñas.
Las manifestaciones externas que los padres observan son: su movimiento excesivo, la necesidad de tocarlo y mirarlo todo, la falta de atención, el olvido de instrucciones, el echo de no terminar las tareas que se le encomiendan, ...
En la sociedad en la que vivimos, la hiperactividad es un factor de riesgo en niños y adolescentes. Si no es detectada a tiempo, y por consiguiente, no se toman las medidas educativas adecuadas, afectará de manera negativa al desarrollo emocional, social y académico del niño o adolescente hiperactivo.
Para "amortiguar" la falta de control sobre la conducta, lo aconsejable es acudir a un especialista que haga un diagnóstico acertado, que permitirá adoptar pautas educativas, tanto en casa como en el centro escolar.
La hiperactividad no es sinónimo de fracaso personal, social o profesional. Destacados personajes de la vida cultural y profesional han sido y seguirán siendo hiperactivos.