Mi hijo está realizando sus estudios de segundo de Bachillerato, y ha decidido que el próximo curso, no se matriculará en la Universidad, sino que optará por estudios de Formación Profesional. Su padre y yo teníamos puestas todas nuestras ilusiones en su carrera universitaria, ya que hasta ahora ha sido siempre un buen estudiante. ¿Debemos considerar ésto como un fracaso escolar?.
El ser humano se caracteriza por ser libre en sus elecciones, siempre que éstas estén tomadas con unos criterios fundamentados. El acceso al mundo laboral y cultural supone un largo periodo de aprendizaje. Las calificaciones obtenidas por los alumnos centran la atención de muchos padres, desvirtuando otros valores educativos que ofrece la escuela.
Considero que el fracaso escolar supone la no consecución del éxito escolar, entendiendo éste como la asimilación de los conocimientos previstos para cada nivel, y el desarrollo de una personalidad equilibrada que permita al estudiante tomar decisiones y desarrollar una serie de valores como la solidaridad, el compañerismo... Así mismo, posibilitará que el alumno descubra el gusto por el aprendizaje y sea consciente de sus propias capacidades y motivaciones. No todo el mundo tiene aptitudes para el estudio.
Si llegado el momento, como es el caso de su hijo, el alumno descubre que sus condiciones y gustos personales son más acordes con una preparación profesional que con al acceso a la Universidad, probablemente comenzará el camino hacia la satisfacción personal. Por el contrario, acceder a estudios superiores por prestigio social, bienestar económico u obligación, cuando estudiar no se hace con gusto, terminará en el abandono o en un titulado poco satisfecho.
Una de las funciones de los padres es estimular a los hijos a superarse a través del esfuerzo, para que además de ser un buen profesional, doctor, licenciado, diplomado, técnico o peón, se sienta una persona satisfecha , feliz y realizada.