"Aprenda inglés sin esfuerzo"."Adelgace sin ejercicio". Eslóganes acordes a una sociedad donde imperan la prisa y el gusto por lo rápido.
Ver la televisión toda la tarde, tirado en el sofá ante programas donde la fama rápida y el dinero fácil parecen estar al alcance de cualquiera. Escuchar música, jugar a videojuegos y conectarse a internet. Comportamientos que en sí no son perjudiciales, a no ser que sustituyan a otro tipo de actividades de obligado cumplimiento. Si esto se permite o se trasmite en casa, estamos olvidando el valor del esfuerzo como medio educativo para el logro de objetivos, ya que en la vida real hay que trabajar duro para alcanzar las metas y, a pesar de ello, no siempre se obtiene aquello que uno quiere.
El esfuerzo se aprende, pero si se enseña y se valora. Si el niño desde pequeño no se habitúa a esforzarse para colaborar en casa, para aprender, para terminar las tareas escolares, para presentar sus trabajos limpios y ordenados, para superarse en el deporte...llegará a la adultez con una voluntad poco fortalecida.
Los padres deben ser exigentes y constantes con el cumplimiento de las tareas diarias, sin olvidar reconocer y recompensar el esfuerzo, no tanto el resultado. Educar en el esfuerzo cotidiano en todos los ámbitos de la vida, ya sean intelectuales, deportivos, afectivos o psicológicos, fortalecerá la personalidad.
El niño acostumbrado a lograr lo que quiere con sólo pedirlo, no sabe esforzarse, pero tampoco goza de la satisfacción que produce el logro de algo por lo que uno ha trabajado. La consecuencia será la desmotivación, la falta de iniciativa y la baja tolerancia ante la frustración.
Si educamos con una disciplina razonable, si se vive y se trasmite en casa el valor del esfuerzo y la constancia, si se explican las metas y se recompensan los logros, estaremos educando en autonomía y responsabilidad, fortaleciendo a su vez el sentimiento de valía personal. El niño debe aprender a proponerse metas y a luchar por ellas. Después podrá disfrutar del descanso merecido, y por ello, más satisfactorio: el que sigue a un trabajo hecho por uno mismo con esfuerzo e ilusión.