Educar tiene mucho de sentido común y de intuición. Pero no es suficiente. Educar es un arte: requiere paciencia, creatividad, vocación y técnica. El resultado final vale la pena. La parte técnica la podemos aprender leyendo o mediante el asesoramiento de especialistas en Educación. Pero la gran mayoría de recursos o herramientas para educar, son inherentes a nuestro carácter, a nuestro estilo educativo, en parte recibido y aprendido de quienes nos educaron. Los hijos plantean situaciones nuevas cada día que a nivel educativo son un reto para sus padres. Educar bien supone actuar de manera intencionada, planificada, siguiendo unos objetivos y por tanto, no es lo mejor dejarse llevar por los impulsos del momento. Y, ¿con qué recursos cuentan los padres para esta tarea? Los que a continuación comentaré, parecen obvios, pero no por evidentes se utilizan correctamente.
Paciencia: educar es una tarea a largo plazo. A los niños hay que darles tiempo para aprender. Algunos patrones de conducta son fáciles de adquirir; otros, como los hábitos y valores que dirigirán su vida, son aprendizajes que requieren mucho tiempo.
Comprensión: los pequeños son torpes. Es difícil que hagan las cosas a la primera como se les exige. También tienes sus gustos, preferencias y deseos.
Lenguaje: los mensajes deben ser claros, directos y sencillos. El lenguaje verbal junto con el gestual son fundamentales en educación.
Amor: conlleva entrega, renuncia y generosidad. Es incompatible con la ira, el rencor, los insultos y el menosprecio.
Acuerdo: si entre ambos padres no se crea un “muro” consistente, encontrarán por donde “saltar” y salirse con la suya.
Normas: son imprescindibles en educación. Aportan seguridad y facilitan la convivencia.
Disciplina: no es sinónimos de castigo y falta de cariño. Implica autoridad y normas. Los hijos no deben, ni están preparados para tomar decisiones que no les corresponden.
Ejemplo: en palabras de Seneca: “largo es el camino de la enseñanza por medio de teorías; bueno y eficaz por medio del ejemplo”.
Tiempo: para educar hay que compartir tiempo.
Humor: ser disciplinado no supone estar amargado. La alegría y el buen humor hacen que los padres resulten un modelo más atractivo para ser imitado.
Ser padres no es tarea fácil, pero no debe suponer un suplicio, sino una satisfacción, un orgullo y una alegría que dé sentido a nuestras vidas. La reflexión sobre qué queremos de nuestros hijos y cómo lograrlo con los recursos de que disponemos, facilitará actuar de manera adecuada y congruente en el momento oportuno.